Psicología infantil y adolescente
A veces, lo que un niño o adolescente siente no es fácil de expresar con palabras.
Cambios de comportamiento, miedos, enfados frecuentes, aislamiento, dificultades en el colegio o una mayor sensibilidad pueden ser algunas formas de mostrar que algo no está bien.

¿Cuándo puede necesitar ayuda un niño?
Durante la infancia pueden aparecer dificultades emocionales o cambios de comportamiento que preocupen a la familia.
Quizá has observado que tu hijo/a:
- Tiene miedos o preocupaciones que interfieren en su día a día.
- Le cuesta separarse de vosotros o quedarse con otras personas.
- Tiene rabietas muy intensas o le cuesta gestionar la frustración.
- Está más irritable, triste o sensible de lo habitual.
- Tiene dificultades para relacionarse con otros niños.
- Presenta baja autoestima o mucha inseguridad.
- Está viviendo dificultades en el colegio o una situación de bullying.
- Tiene problemas de conducta o dificultades para respetar límites.
- Está atravesando un cambio familiar importante.
- Ha cambiado su comportamiento y no sabes muy bien qué puede estar ocurriendo.
¿Cómo es la terapia psicológica con niños?
La terapia se adapta a su manera de entender y expresar el mundo. Dependiendo de su edad, podemos utilizar el juego, el dibujo, cuentos, actividades y otras herramientas terapéuticas para comprender qué está ocurriendo y trabajar sobre ello.
Poco a poco aprenderá a:
Reconocer lo que siente
Poner nombre a sus emociones y comprender qué las provoca.
Expresar lo que necesita
Encontrar otras maneras de comunicar aquello que le preocupa o le desborda.
Regular sus emociones
Desarrollar recursos para manejar el miedo, la tristeza, el enfado o la frustración.
Sentirse más seguro/a
Fortalecer su autoestima, autonomía y confianza en sí mismo/a.
¿Y durante la adolescencia?
Hay momentos en los que pedir ayuda a los padres también se vuelve más difícil.
La adolescencia implica muchos cambios: identidad, relaciones, cuerpo, estudios, expectativas, pertenencia al grupo y necesidad de mayor independencia.
En algunos momentos pueden aparecer:
- Ansiedad o preocupaciones constantes.
- Baja autoestima e inseguridad.
- Tristeza, apatía o aislamiento.
- Dificultades con amigos o relaciones.
- Bullying.
- Problemas relacionados con la imagen corporal.
- Dificultades académicas o elevada autoexigencia.
- Problemas para gestionar emociones.
- Conflictos frecuentes en casa.
- Conductas impulsivas o de riesgo.
- Momentos vitales difíciles que no saben cómo afrontar.
La terapia puede convertirse en un espacio propio y seguro, donde poder hablar de aquello que quizá todavía no pueden compartir en otros lugares.
¿Cómo trabajaremos?
Comenzamos con una valoración para comprender qué está ocurriendo y adaptar el proceso a su edad, personalidad, necesidades y contexto familiar.
Cuando sea necesario, incluiremos sesiones con madres y padres para comprender sus necesidades, acompañar las dificultades que aparecen en casa y encontrar estrategias que ayuden a toda la familia.

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