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Apego y vínculo

La forma en la que aprendemos a sentirnos seguros junto a otros comienza en nuestros primeros vínculos.

Desde los primeros meses, las relaciones con nuestras figuras de apego influyen en cómo pedimos ayuda, regulamos nuestras emociones y nos relacionamos con los demás.

Aunque el apego se construye en la infancia, sus huellas pueden acompañarnos también en nuestras relaciones adultas.

Manos de un niño apoyadas sobre las manos de una persona adulta

Infancia y vínculo

Apego en bebés y niños

El vínculo también se construye en lo cotidiano: cómo respondemos al llanto, cómo acompañamos una rabieta o cómo nos reencontramos después de una separación. En terapia podemos trabajar el vínculo entre el niño o bebé y sus figuras de apego cuando aparecen:

  • Dificultades en las separaciones.
  • Necesidad constante de proximidad.
  • Rechazo o dificultad para buscar consuelo.
  • Rabietas o desregulación emocional intensa.
  • Cambios familiares importantes.
  • Dificultades para conectar o comprender qué necesita el niño.
  • Preocupación por cómo se está construyendo el vínculo.
  • Historias familiares o experiencias de los propios padres que interfieren en la relación con su hijo/a.

El objetivo no es buscar una relación perfecta, sino ayudar a construir una relación en la que el niño pueda encontrar seguridad, protección y conexión.

En la infancia, el vínculo no se trabaja únicamente con el niño. Las madres, padres y otras figuras de apego forman parte esencial del proceso, porque es en las relaciones cotidianas donde se construyen la seguridad y la conexión.

Trabajamos también con la familia

Acompañamiento a madres, padres y figuras de apego

Para cuidar el vínculo, a veces también necesitamos comprender lo que se activa en nosotros.

La llegada de un hijo puede despertar emociones, recuerdos y formas de reaccionar que no siempre esperábamos. En este espacio podemos trabajar juntos los siguientes aspectos:

Comprender qué necesita tu hijo/a

Leer mejor sus señales y entender qué puede haber detrás de determinados comportamientos.

Acompañar sus emociones

Ayudarle a regular aquello que todavía no puede gestionar solo/a.

Comprender tus propias reacciones

Identificar qué situaciones te desbordan o activan especialmente.

Reparar después de momentos difíciles

Porque construir un vínculo seguro no significa hacerlo siempre bien.

Relaciones adultas

Apego en adultos

A veces nuestras relaciones actuales activan formas antiguas de protegernos. Puede que te ocurra que:

  • Te preocupa mucho perder a las personas importantes para ti.
  • Necesitas saber constantemente que todo está bien.
  • Te cuesta confiar o mostrarte vulnerable.
  • Te resulta difícil poner límites.
  • Sientes que das demasiado en tus relaciones.
  • Te alejas cuando una relación empieza a ser importante.
  • Repites determinadas dinámicas aunque sabes que te hacen daño.

Estas formas de relacionarnos no definen quiénes somos. Muchas veces son estrategias que aprendimos para sentirnos seguros.

Un vínculo seguro no es un vínculo perfecto

Habrá momentos de conexión y momentos de desencuentro.

Lo importante no es responder siempre de la manera adecuada, sino poder estar disponibles, comprender, reparar y volver a conectar.

Y eso también se puede aprender y trabajar.

Terapia de apego y vínculo para adultos, niños, bebés y familias en Madrid y online.